(I parte)
Rodolfo Arévalo S.
La filosofía tiene, la mayoría de las veces, camino difícil para ser comprendida en la amplitud y detenimiento que necesita para los cambios que propone. Alfred N. Whitehead, mientras vivió, tuvo la preocupación de la educación, porque pudo constatar que estamos un tanto perdidos en relación con la vida, no la cuidamos, la destruimos. Su propio hijo murió en batalla en la primera gran guerra, tenía 19 años. ¿Por qué existe esta grosera agresión humana? Todos los días vemos en las noticias una cantidad de conflictos que carecen de una base firme que los sostengan. Si nos atuviéramos a los tratados y al respeto humano, no habría tanto dolor y sufrimiento.
En sus escrito pocas veces se refirió al sacrificio de su hijo, en cambio le dedico varias páginas a la falta de sensibilidad estética de sus contemporáneos. En uno de sus comentarios, habla mucho sobre la belleza del cauce del Támesis alrededor de Londres, su serpenteante forma, que fue arruinada por la construcción de un puente que afeó ese paisaje. Esto, para él, tenía mucho que decir de la forma en que la educación se desarrollaba para sus paisanos. No tener sensibilidad para lo que acontece en redor, es un hábito que ya está en contra de la vida. Ver el Motagua convertido en un río de plástico, no sólo es desagradable, es letal. La elaboración de la filosofía de Whitehead es, como dice muy bien Deleuze, un grito en contra de la filosofía occidental. Es un llamado de atención a la rutina, que nos deforma, y la manera ligera conque vemos los fenómenos y el mundo circundante. Se distinguió porque su filosofía describe un mundo siempre cambiante, en proceso, y nuestro pensamiento para estar en relación con este universo debe ser creativo, esforzarse por encontrar “cómo ser creativo”, no puede abandonarse a la inercia de la cotidianidad. Cada concepto whiteheano es un esfuerzo de pensamiento, un trabajo denso y delicado.
Primeramente, nos ocuparemos, del método de la intuición, de Henri Bergson (1859-1941), su relación con el tiempo, la duración, la memoria, lo actual y lo virtual, que tocan a otras filosofías y sus dificultades, ahí estará G. Deleuze con lo virtual y sus estudios del cine, G. Simondon y sus estudios sobre la individuación y por supuesto Whitehead y el evento, la concreción.
Henri Bergson tomó la intuición como un método para estudiar la duración y dejó el análisis para estudiar el espacio. Ya en esta partición que la describe en Introducción a la metafísica, Bergson introdujo estos dos polos de estudio. Bergson escribe: “Es decir que el análisis opera sobre lo inmóvil, en tanto que la intuición se coloca en la movilidad o, lo que equivale a lo mismo, en la duración”. Aparentemente, estas dos maneras de estudio están en contradicción, pero no es así. La intuición es muy difícil y pareciera alcanzarse, como dice Pete Gunter (todas las citas de Gunter se refieren a una conferencia en la Universidad de Saskatoon; Canadá 2003 y publicada después en Instituto de Filosofía, Universidad de Antioquía, Colombia) : “…a golpes de genio. Es decir, mientras el análisis parece resolverse a sí mismo en algoritmos, capaces de ser más o menos mecánicamente aplicados, la intuición parece anárquica: incontrolada, incontrolable”. Sin embargo, el método de Bergson es cuidadosamente desarrollado. El primer paso en el método intuitivo, que según el filósofo francés ha sido el productor de los mayores alcances científicos, implica un estudio detenido y ensimismado en el tema que nos ocupa, sea este el que fuera. Según nuestro citado Gunter: “En una carta al filósofo Giuseppi Prezzolini, Bergson le cuenta que pasó cinco años estudiando la cuestión de la afasia antes de escribir Materia y memoria, y que durante los nueve o diez años en que se preparó para escribir la Evolución creadora se dedicó exclusivamente a lecturas sobre biología”.
Él mismo, como se lee, invirtió muchos años en estudiar ciencias biológicas y psicológicas para llegar a estas conclusiones, insiste mucho en esta característica porque la intuición es un giro en nuestra ordinaria manera de pensar. ¿Qué significa esto?
Primero -primer paso del método- tenemos que tener presente que se necesita una inmersión en el asunto que nos preocupa, esto es de importancia sustancial, Bergson dice: “Incluso en el caso simple y privilegiado… para el contacto directo del yo con el yo, el esfuerzo definitivo de intuición distinta sería imposible para quien no hubiera reunido y confrontado un número muy grande de análisis psicológico”. Esto ya nos habla un poco de la dificultad de ese primer paso: si no tenemos una ejercitación psicológica en conocer otros yo y teoría psicológica, nos será casi imposible lograr un conocimiento de nosotros mismos. Bergson conoció los estudios freudianos, también los de la psicología idealista y de los asociacionistas y los examinó y estudio en su Introducción a la metafísica.
Existe un segundo paso, tan difícil como el primero, Bergson insiste, no importa cuánto esfuerzo se ha dedicado al asunto que nos interesa, si no comprendemos su temporalidad, su duración: no sabemos mucho. Guter escribe: “…tratar de entender los problemas en términos de duración más que de espacio, en términos de dinamismo más que de estabilidad inalterable, es el paso siguiente en la búsqueda de la intuición”. Y termina su explicación: “Ningún algoritmo puede darse para tal torción mental”.
Nuestra manera normal de creer que usamos nuestra mente es: “esquivar la decisión”, no molestarnos con observar nuestro alrededor, y sobre todo: no tener un objeto de estudio, un asunto que nos haga problema, tenemos demasiadas complicaciones para solucionar nuestro cada día. Y todo esto lo hacemos de una manera automática, es difícil que nos dispongamos “a pensar”: Imaginamos todo el tiempo, solucionamos todo el tiempo… pero eso no es pensar. Pensar es cambiar los patrones y nuestros hábitos mentales, por ejemplo, tratar de pensar sin los símbolos que normalmente usamos. No es que renunciemos a ellos, simplemente como ejercicio, tratemos de no pensar en lo acostumbrado para expresanos y usar nuestra mente, dejémonos ir hacia un lugar sin ellos. Repito, no es renunciar a ellos sino alejarnos de los cotidiano, encontrarnos con la intuición de una manera directa, que es imagen, sin símbolos como lo más cercano a lo que informa todo lo que hemos estudiado y lo que intentamos hacer con la duración, que sería encontrar nuevas maneras de expresión: “La intuición de nuestra duración, muy lejos de dejarnos suspendidos en el vacío como haría el puro análisis, nos pone en contacto con una continuidad de duraciones que debemos tratar de seguir hacia abajo o hacia arriba: en los dos casos podemos dilatarnos indefinidamente por un esfuerzo cada vez más violento, en los dos casos nos trascendemos a nosotros mismos”.
Existen diferentes duraciones, según Bergson, y esto es un punto importante, unas duraciones más cortas (algunas muestras de materia) y otras muy grandes, (la eternidad) y entre estos dos límites se mueve nuestra duración. Existe entonces toda una jerarquía de duraciones, un conjunto de duraciones anidadas (Gunter) que abarcan desde la duración humana hasta la de Dios.
En conclusión, de esta parte, tenemos que la intuición bersoniana es una reflexión seria que requiere de una atención detenida y sobre un asunto o tema específico y del cual se tiene un conocimiento significativo; además, toma en cuenta la duración, que será el tema de la siguiente parte.
Deleuze, en el capítulo III de su libro El bergsonismo, escribe: “La duración es esencialmente memoria, conciencia, libertad. Es conciencia y libertad porque en primer lugar es memoria. Ahora bien, esa identidad de la memoria con la duración nos la presenta Bergson siempre de dos maneras… En efecto, debemos expresar de dos maneras el modo que la duración se distingue de una serie discontinua de instantes que se repiten idénticos a sí mismos: por una parte, «el momento siguiente contiene siempre, además del precedente, el recuerdo que éste le ha dejado», por otra parte, ambos momentos se contraen o se condensan uno en otros, pues no ha desparecido uno todavía cuando ya el otro aparece. Hay, por lo tanto, dos memorias, o dos aspectos de la memoria indisolublemente ligados: la memoria-recuerdo y la memoria-contracción”.
En la contuinuación de este artículo nos detendremos en la duración. En Los estudios bergsonianos, que se encuentra en La isla decierta y otros textos, Deleuze escribe un párrafo que nos obliga a pensar, escribe: “En efecto, ¿qué es la duración? Todo lo que Bergson dice de ellanos conduce siempre a esta conclusión: la durción es lo que difiere de sí mismo.”En relación con al materia que es lo que no difiere de sí, lo que se repite. Volveremos con este tema.
